El blog de Ismael Sánchez, donde informarte sobre su actividad y declaraciones

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AYER NO FUE UN DÍA: ES UNA VIDA. EL CÁNCER NO TIENE DÍA

5 Feb, 2026 | Noticias, Reflexiones

Ayer dijeron que fue el Día Mundial Contra el Cáncer.
Pues que no se quede ahí.
El cáncer no entiende de calendarios ni de efemérides: es hoy, es mañana y es todos los días para quienes lo viven en su cuerpo, en su mente, en su trabajo, en sus afectos y en un sistema que demasiadas veces les da la espalda.

Y hoy quiero hablar de Diana Fernández Romero, porque ella es —y debe ser— el centro de esta reflexión.
Porque es su vida la que importa, su lucha la que nos interpela, su dignidad la que denuncia lo que sigue fallando.

Una psicooncóloga, Carmen de la Corte,  a la que tuve la oportunidad de escuchar recientemente ha explicado algo que la sociedad parece no querer escuchar:
que la persona con cáncer no necesita que la obliguen a ser positiva,
que no necesita frases hechas,
que no necesita culpabilizarse por estar cansada, triste o furiosa.
Lo que necesita es que la escuchen, la acompañen y la dejen sentir sin presión.

Las pacientes de cáncer de mama lo repiten una y otra vez:
“Estoy agotada, pero no soy una floja.”
“Me duele, pero no soy débil.”
“Mi cuerpo ha cambiado, pero sigo aquí.”
“Necesito apoyo real, no eslóganes.”

Y la sociedad, ¿qué pide?
Justicia.
Protección.
Adaptaciones laborales reales.
Un sistema que deje de machacar a mujeres que ya bastante tienen con sobrevivir.

A Diana nadie tiene que explicarle esto.
Ella lo vive.
Ella lo encarna.
Ella es esa mujer a la que publiqué una carta hace unos meses, y que sigue siendo una lección de vida insondable, compleja, hermosa y brutal.

Ella acompaña, ayuda, cuida, llora, grita, abraza y denuncia.
Ella está en AMAMA que no se vende ni acepta sobornos.
Ella, y sus compañeras, no baja la cabeza ante quienes quisieran que su dolor fuese discreto, ordenado, útil para fotos o campañas.
Ella no se doblega.

Y hay que nombrarlo:
este sistema machaca a las mujeres con cáncer.
Las empuja a la pobreza, a la precariedad, a la culpa.
Las expulsa del trabajo.
No adapta puestos diseñados por hombres que jamás pensaron lo que significa tener un cáncer de mama y trabajar con dolores, con hormonas alteradas, con sofocos, con cicatrices que duelen por dentro y por fuera.

Los puestos más feminizados, los más precarios, son precisamente los que menos margen dan a una mujer enferma.
Y luego se atreven a llamarlas “débiles” o “conflictivas”.
Qué desvergüenza.

Pero ahí está AMAMA.
La que lucha.
La que acompaña.
La que se organiza.
La que no se resigna.
La que junta a las mujeres que han perdido su trabajo, su estabilidad, su tranquilidad.
La que sostiene a las que están “sin teta pero con dignidad”.
La que no olvida lo que pasó con los cribados en Andalucía, por lo que nadie pidió perdón.
La que une fuerzas, aunque duela, aunque queme, aunque cueste respirar.

Y está también esa verdad incómoda que casi nadie quiere decir:
no todas pueden con todo, y no tienen por qué poder.

Mi (y no es posesivo sino cariñoso) Diana es una jabata, sí.
Pero si no lo fuera, ¿qué?
¿Quién dictó que una mujer con cáncer debe ser heroína?
Ella tiene derecho a ser lo que quiera, lo que sienta, lo que pueda.
A estar fuerte o rota, a gritar o a dormir, a llorar o a reír.
Y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a juzgarla por ello.

Este sistema nunca la entenderá.
Puede que yo tampoco.
Pero no se trata de entender, sino de acompañar.
De estar.
De sostener.
De respetar.
De sentir con ella sin apropiarnos de su dolor.

Y sí, lo digo sin rodeos:
a la mierda Moreno Bonilla y cada política que abandona a las mujeres con cáncer, que no las protege en sus trabajos, que no compensa sus desigualdades, que las condena a la precariedad y luego saca pecho con campañas vacías.

Ayer  fue el día mundial contra el cáncer.
Hoy es el día de Diana.
El día de todas ellas. Ayer, hoy y mañana es el día de AMAMA.
El día de las que no se rinden y también el de las que están cansadas de luchar.

Porque el día contra el cáncer no se celebra: se acompaña.
Y ese acompañar —con verdad, con dignidad, con rebeldía— dura toda la vida.

Q.B.E. Diana