La Habana, 28 de febrero — A 7.315 kilómetros de mi tierra.
Hoy, mientras el verdial de la blanca y verde me late más fuerte que nunca en el pecho, escribo desde esta isla que tanto se parece a lo que soy. El mismo sol, el mismo mar, la misma resistencia. Pero hoy el aire, que aquí huele a sal y a son, llega con el eco sordo de las bombas. Esta madrugada, mientras mis paisanos y paisanas se preparaban para la celebración del 28F, el Imperio —con la cara naranja de Trump y la máscara sanguinaria de Netanyahu— ha vuelto a golpear. Esta vez, sobre Irán.
No es casualidad. En el día en que el pueblo andaluz clama por tierra y libertad, el fascismo internacional responde con fuego. Pero que no se confundan: no pasarán.
Un símbolo robado, una identidad secuestrada
Cuando uno está lejos, aprende a mirar los símbolos con una lupa de aumento. Y aquí, en Cuba, donde cada rincón huele a dignidad, pienso en esa bandera nuestra que hoy ondea en los balcones. La blanca y verde que tanto amó Blas Infante, el Padre de la Patria Andaluza, que soñó con una tierra de justicia social y federalismo libre. Y pienso en cómo ese sueño fue pisoteado una y otra vez por los mismos de siempre.
¿Sabían que el dólar, ese símbolo del imperio que hoy bombardea Oriente Medio, nos robó descaradamente las columnas de Hércules y la banda del «Plus Ultra»? Ahí están, en el billete verde, nuestro escudo, nuestra historia. Como siempre, lo toman todo, sin pedir permiso. Se creen los dueños del mundo.
Andaluces, levantaos
Me llegan las noticias desde España. Esta noche, en la Gala de los Goya, el mundo de la cultura ha vuelto a demostrar que es antifascista. Pero sobre todo me llega el discurso, en la ceremonia de las Medallas del 28F, de un hombre de nuestra tierra: Manuel Carrasco, nombrado hoy hijo predilecto de Andalucía. Su voz no solo canta, sino que clama. Lo ha hecho por la sanidad pública, por los servicios sociales, por esa Andalucía que no puede esperar más. Esa es nuestra lucha, la de la gente de a pie, la del «andaluces, levantaos» del himno que nos enseñó Infante: «pide tierra y libertad».
Desde Machado, que supo como nadie decir que «se hace camino al andar», hasta Lorca, asesinado por los mismos que siempre han querido callar al pueblo. Desde la seguiriya de la Paquera de Jerez, que ponía los vellos de punta, hasta la Pantojita de Triana, el arte por bandera. Todos ellos son la resistencia cultural. Porque el fascismo no avanza solo con tanques, avanza cuando se intenta borrar la identidad de un pueblo.
Fuego imperial, dignidad cubana
Escribo esto desde La Habana, y es imposible no acordarse de Fidel, del Ché. Si hay un lugar que entiende lo que es que el gigante del norte te quiera aplastar, esa es Cuba. Ellos lucharon en la Sierra Maestra, como el pueblo palestino lucha hoy en los escombros de Gaza, como el pueblo andaluz luchó contra el centralismo cuando dijimos que no queríamos ser más que nadie pero tampoco menos que nadie, como los iraníes se enfrentan ahora al nuevo zarpazo del imperio.
El ataque de esta madrugada de Estados Unidos e Israel a Irán no es un conflicto lejano. Es el mismo polvorín que alimenta la ultraderecha, la misma internacional fascista que aplaude desde sus despachos mientras recortan derechos en el estado español. Es el odio de siempre, el de los que bombardean hospitales, el de los que quieren convertir el Mediterráneo en un cementerio, el de los que quieren que nos arrodillemos.
La misma canción, el mismo «No»
Lo ha dicho el mundo de la cultura esta noche en los Goya. Lo ha dicho Manuel Carrasco en el Teatro Maestranza. Lo dice el pueblo andaluz cuando canta su himno. Lo dice Palestina, que resiste a pesar de todo. Y lo dice Irán esta madrugada.
Que Trump se crea el dueño del mundo desde su trono y tono naranja. Que Netanyahu piense que con bombas silencia la dignidad. Aquí, a 7.315 kilómetros de Sevilla pero con Andalucía en el corazón, les digo: la misma furia que hizo libre a Cuba, la misma que hizo cantar a Miguel de Molina, la misma que inspiró los versos de Machado, es la que hoy se levanta contra el fascismo.
Hoy, 28 de febrero, la bandera blanca y verde es también la bandera de la resistencia internacional. Las columnas de Hércules no son vuestras, señores del dólar. Son del pueblo, y el pueblo no se rinde.
¡No pasarán! Desde Andalucía en mi memoria, desde Cuba en mi presente, hasta la victoria siempre.
Viva Andalucía libre.
Viva la resistencia de los pueblos.
Que viva Cuba y que viva la dignidad.

