El blog de Ismael Sánchez, donde informarte sobre su actividad y declaraciones

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Conciliar también es educar: por una adjudicación justa para el profesorado interino andaluz

6 May, 2026 | Noticias, Reflexiones

La educación pública no se sostiene sola. Detrás de cada aula abierta, de cada sustitución cubierta, de cada inicio de curso que sale adelante a pesar de las dificultades, hay miles de docentes que asumen una enorme responsabilidad profesional y humana. Entre ellos, el profesorado interino ocupa un lugar fundamental en el sistema educativo andaluz. Sin embargo, demasiadas veces se le exige disponibilidad absoluta sin reconocer suficientemente que detrás de cada docente hay también una vida, una familia, unos cuidados, una vivienda, una economía doméstica y unos vínculos que no pueden ser tratados como un asunto secundario.

Por eso merece ser escuchada con atención la reivindicación del Colectivo de Docentes Interinos de Andalucía por la Conciliación. Su demanda no parte de un capricho ni de una pretensión de privilegio. Parte de una realidad concreta: el actual sistema de colocación de efectivos y adjudicación de vacantes y sustituciones puede obligar a muchos docentes interinos a desplazarse a cientos de kilómetros de su domicilio, a asumir destinos en provincias alejadas y a reorganizar toda su vida familiar y económica en cuestión de días, bajo la amenaza de quedar inactivos, perder oportunidades laborales o sufrir penalizaciones en la bolsa.

Eso no es conciliación. Y, en muchos casos, tampoco puede considerarse una elección libre.

La Administración educativa tiene la obligación de garantizar que las aulas estén cubiertas. Nadie discute esa necesidad. La educación pública requiere planificación, estabilidad y capacidad de respuesta ante vacantes y sustituciones. Pero esa obligación no puede resolverse de cualquier manera ni descargando todo el peso del sistema sobre la parte más vulnerable de la plantilla. Una cosa es organizar los recursos humanos y otra muy distinta es construir un modelo que, en la práctica, obligue a elegir entre trabajar y cuidar, entre mantener el empleo y vivir cerca de los hijos, de la pareja, de los padres o de las redes familiares imprescindibles para la vida cotidiana.

Además, esta situación se produce en un contexto económico especialmente duro. El precio de la vivienda, la subida de los carburantes, el incremento general del coste de la vida y la dificultad de sostener desplazamientos largos o dobles residencias convierten muchas adjudicaciones en una carga casi imposible de asumir. Para una parte del profesorado interino, aceptar un destino a más de 200 kilómetros no significa simplemente “hacer un esfuerzo”. Puede significar separarse durante meses de sus hijos, renunciar a cuidados familiares, endeudarse, vivir en habitaciones precarias o dedicar una parte desproporcionada del salario al transporte y al alojamiento.

Cuando hablamos de conciliación no hablamos solo de comodidad. Hablamos de salud mental, de estabilidad personal, de corresponsabilidad familiar y de dignidad laboral. Y también hablamos de eficiencia del propio sistema educativo.

Un modelo rígido no es necesariamente un modelo eficaz. Al contrario, puede producir efectos contraproducentes: más bajas laborales, más renuncias, más situaciones de inactividad, más rotación en los centros y más dificultades para garantizar la continuidad pedagógica del alumnado. De hecho, distintos debates sindicales y noticias recientes han señalado que la falta de cobertura de bajas y las dificultades de organización en SIPRI generan efectos negativos en los centros educativos, afectando al funcionamiento ordinario de las aulas. También se ha subrayado que SIPRI juega un papel relevante en la conciliación del profesorado interino, porque condiciona las vacantes o sustituciones a las que puede optar cada docente.

Por tanto, el debate no debe plantearse como una confrontación entre los derechos del profesorado y las necesidades del sistema. Esa es una falsa dicotomía. Lo que el colectivo plantea es precisamente una mejora del sistema: hacerlo más justo, más racional, más humano y, por ello mismo, más eficiente.

Las propuestas que se están poniendo encima de la mesa son razonables y merecen negociación. Un sistema de petición flexible que permita ordenar destinos por centros, localidades, comarcas y provincias no debilita la educación pública; puede mejorar la asignación de recursos al acercar, en la medida de lo posible, las necesidades del sistema a las circunstancias reales de las personas. La voluntariedad de vacantes y sustituciones, especialmente cuando existen condiciones personales o familiares difíciles, no debe verse como una amenaza, sino como una herramienta para evitar adjudicaciones imposibles que terminan generando bajas, renuncias o inestabilidad. Y celebrar un primer SIPRI en agosto permitiría planificar mejor el inicio de curso, dando margen a los docentes para organizar vivienda, desplazamientos y cuidados antes del 1 de septiembre.

La Administración andaluza no puede limitarse a responder que el sistema funciona porque adjudica plazas. Un sistema público no debe medirse únicamente por su capacidad de cubrir huecos, sino también por la calidad de las condiciones en las que lo hace. Si para cubrir una vacante obligamos a una trabajadora a separarse de sus hijos durante meses, si empujamos a un docente a recorrer cientos de kilómetros, si trasladamos toda la incertidumbre a quienes ya viven en una situación laboral provisional, entonces el sistema puede estar resolviendo un problema administrativo mientras crea un problema humano, social y educativo.

La reivindicación de igualdad territorial también debe ser tomada en serio. Si otras comunidades autónomas han articulado modelos más flexibles, con zonas de adjudicación, voluntariedad o fórmulas que permiten una mayor adaptación a la realidad familiar y territorial, Andalucía debe estudiar esas experiencias sin prejuicios. No se trata de copiar mecánicamente ningún modelo, sino de asumir una evidencia: la rigidez no es una virtud en sí misma. Un sistema educativo moderno debe ser capaz de combinar cobertura, transparencia, igualdad de oportunidades y conciliación.

La Junta de Andalucía tiene recursos técnicos y administrativos suficientes para abrir este debate. SIPRI ya es una herramienta digital consolidada para la provisión de vacantes y sustituciones, con convocatorias, anexos y procedimientos publicados oficialmente. Precisamente por eso, el margen de mejora debe abordarse políticamente y en la Mesa Sectorial, escuchando al profesorado afectado, a las organizaciones sindicales y a los centros educativos. La cuestión no es si se puede cambiar. La cuestión es si existe voluntad política para hacerlo.

Apoyar al profesorado interino en esta demanda es defender una educación pública más justa. Es reconocer que quienes cuidan y educan a nuestros hijos e hijas también tienen derecho a cuidar de los suyos. Es comprender que no hay calidad educativa posible sobre la precariedad emocional, económica y familiar de quienes sostienen las aulas. Y es asumir que la conciliación no puede ser un derecho reservado a quienes tienen una plaza estable, una renta suficiente o la suerte de vivir cerca de su destino.

El profesorado interino no pide privilegios. Pide reglas más humanas. Pide que la Administración no le obligue a escoger entre su trabajo y su vida. Pide que el sistema deje de tratar la disponibilidad total como si fuera una obligación natural de quien aún no tiene destino definitivo. Pide, en definitiva, que la educación pública andaluza sea coherente con los valores que dice defender: igualdad, justicia, cuidado y respeto a la vida.

Por eso esta reivindicación debe recibir apoyo político y social. Porque no hablamos solo de un procedimiento administrativo. Hablamos del modelo de escuela pública que queremos construir. Una escuela pública no puede basarse en la incertidumbre permanente de su profesorado. No puede exigir vocación mientras niega condiciones dignas. No puede hablar de corresponsabilidad y cuidados mientras organiza sus recursos humanos de espaldas a la realidad familiar de miles de docentes.

La Consejería debe abrir de forma urgente un proceso de negociación serio, transparente y con voluntad de acuerdo. Hay que revisar el sistema de colocación de efectivos y SIPRI para hacerlo más flexible, más eficiente y más conciliador. No hacerlo sería mirar hacia otro lado ante un problema que ya tiene nombre, rostro y consecuencias.

Conciliar también es educar. Y una Administración que cuida a quienes enseñan está cuidando, al mismo tiempo, la calidad de la educación pública andaluza.